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En un sentido amplio, la cultura es todo aquello que el hombre hace, todo aquello que deja registro de su paso por el universo, todo indicio de su presencia. Así desde la indumentaria que usa, de lo que se alimenta, el lugar que construye para vivir, por citar solo algunos ejemplos, son manifestaciones de su cultura.
Esto a su vez, está determinado por la geografía, el momento histórico y sus relaciones con la familia y otros seres humanos cercanos al entorno. En nuestra sociedad globalizada, habrá que tomar en cuenta la influencia que ejercen los medios masivos de comunicación, como la televisión, la radio, la prensa y de manera importante las tecnologías de información y el internet.
Durante los siglos XV al XVIII la cultura fue asunto solamente de algunos cuantos privilegiados que tenían acceso o pertenecían a las clases burguesas, donde lo popular, lo barrial, no tiene mayor valor sino para quienes la producen y consumen, las clases marginadas. Es el SXIX cuando se empieza a reflexionar sobre lo folk y lo popular como un conjunto de manifestaciones, ritos, creencias y costumbres que confiere identidad a los pueblos y la fortalece.
En nuestro país, la exhaltación de la cultura popular es utilizada por los portavoces de la izquierda para legitimar su lucha y es sinónimo de lo mexicano para los políticos autoproclamados herederos de la revolución.
Se crea el Museo de las Culturas Populares, como un recinto para las manifestaciones de lo popular y difundirlo, darle la categoría de "lo que debe ser exhibido" y se crean políticas de subvención y promoción desde el gobierno federal.
Estrategia clave de la publicidad, la propaganda política y de la mezcla de ambas: el marketing político, ha sido la explotación de lo popular. En época electoral, se multiplican las imágenes que nos presentan a los candidatos súbitamente metamorfoseados en charros, rancheros, o de origen urbano humilde, ejemplos de la cultura del esfuerzo que llega a las candidaturas como auténticos representantes del pueblo y sus intereses.
En el ámbito del diseño analizar los aspecto formales de lo popular y reproducirlos es tarea cotidiana. El uso del color, la tipografía, la iconografía, aparecen incluso de manera espontánea sin que lo advirtamos. En ocasiones sí hay una deliberada intención de maximizarla, ejemplo de ello es la puesta en boga de las máscaras de luchador hoy convertidas en arquetipo de lo inn. Han transitado de lo kitch a lo trendy, y hoy son de buen gusto en las fiestas de las clases acomodadas.
Por esa característica de dotar de identidad a las sociedades, lo popular es consumido independientemente de la clase a la que se pertenezca. De esta manera no falta boda o fiesta en la que ya entrada la noche, no se desgranen las notas de los géneros más profundos de lo indígena y lo negro: son, salsa, vallenato o grupero son escuchados por igual.